En el jardín de Olokuti se pueden hacer muchas cosas: tomar un té, ver una película, escuchar un concierto, relajarse, o simplemente estar: las mesas de estilo marroquí y las sillas de forja, alguna vez se han transformado en bancos de cualquier parque donde pasar los lunes al sol.
Día tras día, como si de un ritual se tratase, J y su novia pedían su refresco para compartir y pasaban un rato en el jardín. Los recuerdo siempre simpáticos y amables, entablar conversación con ellos no era difícil, y fuimos compartiendo pequeñas cosas durante un tiempo.
J está licenciado en filosofía. Hoy en día la ecuación “licenciado en humanidades = parado” parece que se cumple con excesiva frecuencia. El sistema tiende a deshacerse de lo que no es productivo, de lo que no le sirve a la empresa. El razonamiento se puede extender a la propia universidad, que convirtiéndose en una empresa más, tiende también a hacer desaparecer aquellas titulaciones que no se venden en el mercado de la enseñanza: el mercado requiere determinados profesionales y la universidad debe satisfacer esta necesidad.
Lo más doloroso de todo es que J, como tantos, no se encuentra bien: está desilusionado, frustrado y sin blanca, vive en un sistema que a priori no le necesita…
Hace poco me encontré a J en el metro, trabaja en una cadena de comida rápida…hacía mala cara…quizás no le vendría mal hablar con un filósofo, quizás le podría ayudar.

